lunes, 23 de abril de 2007

SER BOMBEROS

Millares de hombres buscan los cursos de innumerables destinos, solo algunos lo hacen en la difícil responsabilidad de ser bomberos.
SER BOMBERO es ayudar al prójimo, aliviar su dolor, sanar sus heridas, luchar en el abismo de la muerte para proteger la vida.
SER BOMBERO es tener los ojos de Dios a nuestra espalda cada vez que la hora de la verdad se presenta, cada vez que sentimos estallar las venas al fluir de la sangre, cuando nuestro corazón se agita al correr hacia el fuego, forzar una puerta o plegar una línea.
SER BOMBERO es sentir seca la garganta ante la frialdad con que la muerte envuelve a sus víctimas, mas aún cuando estas no tienen otra maldad que la de una travesura.
SER BOMBERO es soportar el calor ardiente en la piel que no cedió ante el peligro, cada vez que con enrojecidos ojos y pulmones, buscamos casi con desesperación el deseado aire de los bajos de un incendio o el potente chorro de una lanza que pareciera quebrarse cuando la presión es alta.
SER BOMBERO es distinguir el ulular de las sirenas a la distancia y sentir el pecho latir con firmeza por llegar a tiempo para brindar nuestra ayuda.
SER BOMBERO es no saber de descansos, es una comida sin terminar, un trabajo a medio hacer, una cita sin cumplir o una fiesta sin festejar, es un amanecer entre llamas, humo y ropas empapadas; es tiritar de frío junto a la tibieza de los motores; es dejar un ser amado para ayudar a uno jamás conocido.
SER BOMBERO es sentir la inmensa felicidad que nos brinda el todo poderoso al ayudar a salvar una vida que tan solo dependía de nosotros, un sí o un no, una orden una decisión y no dejar que nadie sepa quien fue, solamente repetir “un bombero” y sentirse orgulloso de ser parte del equipo.
SER BOMBERO es integrar una familia hermanada por el anhelo de servir y unidad por la paz que tienen las almas de las personas que en este mundo de egoísmo e intereses mezquinos, arriesgan lo más valioso que poseen para ayudar al prójimo.

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